El pañuelo de cien colores, el de sandía, las sayas bordadas o los refajos tradicionales ya no son solo prendas reservadas para los días grandes del calendario festivo. Desde hace algunos años, la indumentaria típica extremeña vive un auténtico boom y cada vez son más quienes apuestan por lucirla con orgullo.
Prueba de ello es una histórica tienda de Cáceres que lleva más de medio siglo con las puertas abiertas y que ha sido testigo directo de este cambio. Desde su mostrador confirman que el interés por las prendas tradicionales no deja de crecer. “Antes venían sobre todo en fechas muy concretas; ahora hay demanda durante todo el año”, explican.
El auge del folklore no entiende de edades. Jóvenes que se inician en grupos de coros y danzas, familias que recuperan trajes heredados o personas que buscan una prenda especial para una celebración concreta se acercan a este tipo de comercios en busca de autenticidad.
Además, el calendario acompaña. Se acercan festividades muy arraigadas en Extremadura como San Mauro, San Blas o San Sebastián, celebraciones en las que es habitual ver a vecinos y vecinas engalanados con la indumentaria típica.