Es uno de los grandes nombres del realismo onírico universal y, sin embargo, nunca ha dejado de ser el niño de Monesterio que soñaba con mundos imposibles. Eduardo Naranjo (Monesterio, 1944) es hoy uno de los artistas extremeños más reconocidos en todo el mundo.
“En el pueblo todos éramos conscientes de que teníamos un genio. De hecho, a Eduardo Naranjo no se le llama Eduardo, se le llama ‘el pintor’”. Son palabras del escritor e historiador extremeño Manuel Pecellín Lancharro, que resumen el orgullo de la localidad por su artista más ilustre.
Naranjo nació en plena posguerra, en 1944, en el seno de una familia campesina. “Mi padre fue persona del campo y arriero. La relación tanto con él como con mi madre era buenísima, de un respeto enorme y un gran cariño”, recuerda. Aquella infancia rural, marcada por la sencillez y el esfuerzo, dejó una huella profunda en su mirada.
“Siempre fui un gran soñador, dormido y despierto”. Esa capacidad de imaginar, de habitar mundos paralelos, se convertiría en la esencia de su pintura.
Con apenas 19 años se trasladó a Madrid para formarse en la entonces Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando. En los años sesenta comenzó su trayectoria dentro de la llamada Nueva Figuración Madrileña, aunque pronto desarrolló un lenguaje propio que lo situó como una de las grandes referencias del realismo mágico y el realismo onírico en España.
La obra de Eduardo Naranjo se caracteriza por un virtuosismo técnico extraordinario y una iconografía cargada de simbolismo. Sus cuadros son escenarios detenidos en el tiempo, donde la figura humana, los objetos cotidianos y los paisajes adquieren una dimensión casi metafísica. La soledad, el silencio, el paso del tiempo o la memoria son temas recurrentes en su producción.
A lo largo de su carrera ha trabajado también el dibujo, el grabado y la escenografía, y ha realizado carteles y proyectos institucionales. En 2007 fue galardonado con la Medalla de Extremadura, uno de los máximos reconocimientos de la región, y su obra forma parte de importantes colecciones públicas y privadas dentro y fuera de España.
Su proyección internacional es especialmente notable en Asia, donde su obra ha sido objeto de grandes exposiciones y donde es considerado uno de los pintores españoles contemporáneos más admirados.
En Extremadura las dos exposiciones dedicadas a Eduardo Naranjo en el Museo de Bellas Artes se han convertido en las más visitadas de toda su historia, un dato que confirma el enorme interés que despierta su obra entre el público.
No es solo el reconocimiento institucional lo que explica ese éxito, sino también el vínculo emocional que mantiene con su tierra. Naranjo no ha olvidado nunca que sigue siendo de Monesterio, que su imaginario nació en aquellas calles y campos del sur de Extremadura
Hoy, más de medio siglo después de sus primeros pasos artísticos, Eduardo Naranjo continúa demostrando que el sueño —con o sin pincel— puede convertirse en una de las formas más poderosas de mirar y reinterpretar la realidad.