Carreteras que no estaban: las noches imposibles en Tierra de Barros
Martes, 24 Febrero 2026

Verano de 1989. Carretera de Almendralejo a Badajoz. Noche clara. Asfalto seco. Tráfico habitual en la vía principal que atraviesa la comarca. Juan Ángel Rodríguez y su entonces novia conducen sin prisas, rumbo a casa. A unos diez kilómetros de Solana de los Barros, la carretera dibuja un cambio de rasante. Nada fuera de lo común. Un tramo conocido. Repetido. Seguro. Y entonces, la noche se quiebra. 

Los faros de su Citroën apenas llegan a iluminar el entorno. Los olivos que segundos antes flanqueaban la vía desaparecen. No hay arcenes. No hay referencias. Solo oscuridad cerrada, densa, impropia de una carretera principal y transitada. Lo que debía ser un trayecto de minutos comienza a dilatarse. Kilómetros y kilómetros que se hacen interminables. El coche avanza, pero el paisaje no cambia. No aparece ningún cruce, ninguna señal, ningún vehículo en sentido contrario. La sensación no es solo de desorientación. El desconcierto es total.

Y, de repente, sin transición, sin incorporación visible, sin curva reconocible… su destino aparece junto a ellos. Kilómetro 37. Como si nada hubiera ocurrido. Pero algo sí sucedió. La prueba estaba en el depósito: casi vacío. Un consumo impropio para un recorrido de apenas diez kilómetros. No había explicación lógica. No había desvíos. No había caminos alternativos. Solo un tramo que, según el reloj interior de los protagonistas, había durado horas.

Años después, la historia se repite. Esta vez en la carretera que une Solana de los Barros con Corte de Peleas. Un trayecto cotidiano. Conocido y de sobra recorrido para una familia. 

Viajaba con su familia.

De pronto, la vía habitual dejó de ser reconocible. El trazado cambió. La carretera apareció flanqueada por luces intensas que pasaban junto a ellos a gran velocidad. No eran farolas convencionales. No eran vehículos identificables. Era como circular por una infraestructura distinta, superpuesta a la conocida. Alarmados, decidieron dar la vuelta y regresar a Solana. Lo intentaron con idéntico resultado. 

La misma vía extraña. Las mismas luces. La misma sensación de estar atravesando un espacio que no correspondía al mapa real.

O tal vez, algunas noches, la carretera no solo nos lleva a un destino.Sino a otro lugar.