El encuentro que marcó para siempre a Francisco: la chica de la curva de Castuera
Miércoles, 4 Febrero 2026

Corría el año 1985 cuando Francisco y un amigo circulaban en coche por las cercanías del castillo de la Encomienda. Aquella noche, bajo un cielo oscuro y silencioso, vieron surgir de un matorral a una mujer que cambiaría su percepción de lo inexplicable para siempre y se convertiría en protagonista de sus pesadillas desde entonces.

Vestida de rojo, con pelo negro rizado y un rostro lleno de espanto, "como intentando avisarnos de algo", la figura extendía las manos advirtiendo de un peligro inminente. Francisco recuerda con nitidez cómo la mujer flotaba a pocos centímetros del suelo, sin piernas, y desaparecía lentamente al cruzar la calzada.

El susto no terminó ahí. Al detener el coche, encontraron algo que jamás olvidarían: unas flores cuidadosamente colocadas a pocos metros del lugar donde apareció el espectro, como si alguien recordara una tragedia pasada, un accidente olvidado en la memoria del tiempo.

“La chica de la curva te cuenta una historia para que aprendas y aminores la velocidad”, reflexiona Francisco años después. Su experiencia se ha convertido en leyenda local, un aviso silencioso para quienes viajan de noche por caminos solitarios: a veces, las historias de terror no son solo cuentos, sino advertencias disfrazadas de leyenda.