"Esta es la historia más triste que jamás me ha tocado contar." Así comenzaba James Allen, corresponsal del Chicago Tribune, su crónica sobre los primeros días de la Guerra Civil española, en aquel agosto de 1936, cuando Badajoz ardía entre humo y muerte. El olor a cadáveres quemados, aseguraba entonces, llegaban incluso hasta la frontera de Elvas haciendo ostensible la magnitud de la tragedia. En sus crónicas de aquellos meses, Allen relataba el drama de un país desgarrado por el conflicto.
La caída de la capital pacense el 14 de agosto de 1936 marcó uno de los episodios más oscuros de aquella etapa. La llamada matanza de Badajoz dejó cientos de víctimas, con ejecuciones sumarias que aterraron a la población y desencadenaron un éxodo masivo hacia Portugal. Familias enteras huyeron por miedo a la represalia, atravesando la frontera con lo puesto, buscando sobrevivir a la barbarie.
En medio de aquel horror, surgieron gestos de humanidad que se convirtieron en faros de esperanza. Uno de ellos fue la figura del teniente António Augusto de Seixas, de la Guardia Portuguesa, quien desafió órdenes oficiales para proteger a los refugiados extremeños. Gracias a su intervención, más de mil personas encontraron refugio temporal en el país luso, en lugares como Barrancos y Coitadinha, salvando sus vidas del régimen. Su valentía y compromiso con la vida fueron el contraste a la violencia que Allen describía en sus crónicas, y hoy se recuerda como un ejemplo de ética y coraje en tiempos de guerra.
Óscar Jiménez Moriano, magistrado y narrador, recoge todos estos pasajes en su novela histórica El corresponsal americano, que nos transporta a aquellos días a través de la mirada del periodista del Chicago Tribune. Y hemos tenido la suerte de que nos detalle, a viva voz, tanto el proceso creativo como los hechos que sirvieron de inspiración.