24 Abril 2026, 20:19
Actualizado 24 Abril 2026, 20:19

La presidenta de la Junta de Extremadura, María Guardiola, imprimió también un marcado tono personal y emocional a su discurso de toma de posesión, en el que evocó su trayectoria vital, sus raíces y el coste personal del compromiso político, ante un Anfiteatro Romano de Mérida cargado de simbolismo.

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Recuerdos personales y experiencia vital

Durante su intervención, Guardiola miró al pasado para recordar que “en momentos importantes, me gusta recordar de dónde vengo”, y aludió a las dificultades vividas a lo largo de su trayectoria, mencionando “desencuentros, decepciones, insultos, señalamientos, desprecios públicos, o que se me descalifique como mujer”, frente a los que reivindicó el respeto y la dignidad en la vida pública.

La presidenta subrayó su vertiente más personal al afirmar que detrás de la política “somos personas. Personas que sienten, que aman, que tienen una familia preocupada, que tienen malos días”, y aseguró que su compromiso no responde a una ambición personal, sino a una responsabilidad con las generaciones futuras, al señalar que no quiere que “ninguna niña, que ningún niño, que hoy sueña con cambiar su tierra, tenga miedo a dar ese paso”.

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Trayectoria personal y compromiso con Extremadura

Guardiola evocó también su infancia y juventud, recordando a “aquella delegada de clase” y a la joven que “estudió, se formó en su tierra, trabajó duro, y que un día decidió encabezar un proyecto político”, asegurando que todo su camino ha estado guiado por “aquel tierno deseo de cambiar, de mejorar Extremadura”.

En uno de los pasajes más íntimos, reconoció el sacrificio personal que supone asumir la presidencia de la Junta, afirmando que este paso implica “dejar tiempo, dejar intimidad, dejar muchas horas de vida con la gente a la que una quiere”, aunque defendió que “merece la pena trabajar por una idea: intentar mejorar la vida de los demás”.

La presidenta expresó además su voluntad de no perder su identidad personal al frente del Gobierno, asegurando que quiere “seguir siendo la misma María que fui a los diez años, a los quince y a los veinte”, recordando que “los cargos pasan, las legislaturas terminan, pero una es siempre lo que eligió ser cuando nadie miraba”.

Guardiola concluyó con un mensaje de arraigo y compromiso con Extremadura, apelando a los valores aprendidos “en casa” y afirmando que, desde “esas raíces de dignidad y orgullo”, dedicará “todas mis fuerzas a Extremadura”, un camino que definió como “un hermoso camino”.