“Vendí el coche de mi padre el mismo día que falleció. Le robé ya muerto. Me peleé con mi madre, con mi hermano, con mi tío… La lié muchísimo”.
Fran recuerda así uno de los momentos más duros pero también más decisivos de su vida. Tenía el consumo completamente fuera de control y su entorno familiar estaba destrozado. Cinco días después de la muerte de su padre tocó fondo. “Ahí dije: basta. Ya no puedo salir de esto solo”.
Durante años, Fran vivió atrapado en una espiral de adicción. Consumía distintas sustancias y cada vez con más frecuencia. “Tomaba cocaína, THC, benzodiacepinas… Yo no veía una vida sin consumo”, explica. Lo que empezó como algo puntual fue creciendo hasta ocuparlo todo: sus relaciones, su estabilidad emocional y su día a día. Como ocurre en muchos casos, el consumo no solo afecta a quien lo padece. La familia y el entorno cercano también sufren las consecuencias de una situación que muchas veces resulta difícil de comprender y gestionar.
Hoy, un año después de ingresar en un centro de desintoxicación en Don Benito, su vida es muy diferente. El proceso no ha sido fácil, pero el cambio es evidente. “Ahora soy feliz”, afirma.