Las alpacas de paja se convierten en un refugio perfecto para el zorro. Entre los rollos se forman huecos estrechos y galerías donde la raposa encuentra abrigo, sombra y protección frente a cualquier amenaza. Son espacios cerrados, difíciles de penetrar, que actúan como auténticas fortalezas improvisadas en medio del campo.
Para trabajar en estos escenarios hacen falta perros muy específicos. Razas pequeñas como el jagd terrier, el fox terrier o el teckel están especialmente adaptadas a este tipo de terreno. Su tamaño les permite introducirse entre los montones de paja, avanzar por pasos angostos y moverse con soltura donde otros perros no podrían ni asomar.
Además de su físico, destaca su carácter: valientes, equilibrados y con una enorme determinación. Poseen una nariz fina y una gran capacidad para interpretar el rastro, localizando al zorro con rapidez incluso en espacios cerrados. En estas zorreras de alpacas, su coraje y su inteligencia son la clave para sacar a la raposa de su escondite.