Jabalíes hechos al monte, duros y con años encima, rompen la quietud y obligan a no perder detalle en los puestos. Cada arrancada es violenta y rápida, con carreras que no dan tregua y animales que empujan hasta el último segundo. En estos lances no hay margen para el despiste: todo ocurre en un instante.
Los perros no aflojan. Entran y salen del espeso sin medir esfuerzo, trabajando con inteligencia y valor, apretando al jabalí por todos los flancos. El monte hierve de acción al mismo tiempo en distintos puntos, y cada ladra anuncia que algo grande está a punto de pasar.
Diez cámaras siguen la batida desde todos los ángulos posibles. En los cazaderos captan el momento clave, en los puestos la reacción del cazador, desde el aire la dimensión del terreno y a ras de monte el trabajo incansable de los rehaleros. Una jornada intensa donde riesgo, emoción y tecnología quedan grabados para siempre.