La dehesa ocupa más de 3,5 millones de hectáreas en toda España, repartidas en 130 municipios. Su mayor extensión se encuentra en Extremadura, con más de 1,2 millones de hectáreas, seguida por Andalucía, Castilla-La Mancha, Castilla y León y Madrid. Este ecosistema no es solo tierra de pasto; es un refugio para la biodiversidad y un símbolo de la armonía entre el ser humano y el medio natural.
Más de 25.000 explotaciones ganaderas se dispersan por este territorio, 8000 de las cuales superan las 100 hectáreas. El 75% son de propiedad privada, mientras que el resto corresponde a benes comunales, comunidades de vecinos o ayuntamientos.
Entre sus praderas pastan unas 800.000 cabezas de cerdo ibérico; más de 8 millones de ovejas de carne y leche, de razas como la merina manchega, castellana y talaverana, representando el 40% del censo nacional. A ellas se suman 3 millones de cabras, casi la mitad del censo español, y 1 millón de vacas nodrizas, principalmente de las razas retinta y limousine, que proporcionan carne de alta calidad. La dehesa también es cuna del toro de lidia, con más de 12.000 ganaderías registradas, y del caballo de pura raza español -seis de cada diez ganaderías se encuentran en este sistema-.
No faltan especies autóctonas como el asno andaluz, la blanca cacereña o la gallina azul extremeña, testigos de la diversidad y del carácter singular de este territorio.
La dehesa es un ecosistema vivo, donde la fauna autóctona convive con especies adaptadas al medio y donde el hombre ha aprendido a integrarse sin alterar su equilibrio. Cada árbol, cada pasto y cada ganadería cuentan una historia de sostenibilidad, de respeto por la tierra y de identidad cultural. La dehesa es un patrimonio natural y humano, un escenario donde se conserva la vida, se protege la biodiversidad y se mantiene viva la esencia de la España rural.