La emoción corre a cuatro patas. Herencia de galgo y campo
Martes, 27 Enero 2026

El reglamento marca la parada obligada para que las galgas lleguen enteras al segundo lance. No es solo una norma, es respeto por el animal y por la carrera que está por venir. En esos minutos se mide la experiencia, se enfría la sangre y se espera el momento justo para volver a soltarlas.

Porque el galguero no vive el lance desde fuera. Lo lleva dentro desde siempre. Corre con su galga la ilusión aprendida a base de madrugones, de inviernos duros y de días que no salen como uno espera. Ser galguero es aguantar, creer y volver al campo una y otra vez, mientras haya liebre y haya galgos.

La cámara lenta nos deja ver lo que el ojo apenas alcanza en directo: zancadas largas, cuerpos afinados y una velocidad limpia, sin artificios. Pura raza en movimiento, potencia medida y equilibrio perfecto en cada apoyo. El lance, reducido a su esencia más salvaje y auténtica.