Tres mujeres cazan perdices en un coto nuevo y exigente, donde el monte de escobas marca el ritmo de la jornada. Es un terreno cerrado, duro, que no permite despistes y obliga a avanzar con calma, leyendo cada mancha y cada claro. La perdiz encuentra aquí refugio y defensa, convirtiendo cada lance en un reto real.
En un coto dominado por las escobas, la caza se levanta corta y rápida, obligando a reaccionar con precisión. No hay carreras largas ni oportunidades claras; cada paso exige colocación, seguridad y atención constante. Cazar en un terreno nuevo implica adaptarse, entender por dónde se mueve la perdiz y confiar en el trabajo conjunto para resolver los lances.
La jornada refleja una forma de cazar basada en la exigencia del terreno y el respeto al campo. Tres mujeres afrontando un coto complicado, donde la dificultad no resta valor, sino que lo multiplica. Porque cuando el monte aprieta, cada lance bien resuelto habla de experiencia, compromiso y pasión por la caza menor.