12 Julio 2020, 17:00
Actualizado 12 Julio 2020, 17:00

Usado desde la Antigüedad, el botijo es uno de los enseres más eficaces y socorridos para refrescar el agua. Se han encontrado restos de él datados en más de 4.000 años en la península, pertenecientes a la cultura argárica. Actualmente es fácil hallarlos en nuestra comunidad, en las dos Castillas, en todo el valle del Ebro, en el litoral mediterráneo y en Andalucía. 

Los poros de la arcilla, claves para que refresque

Su funcionamiento se basa en el fenómeno físico de enfriamiento por evaporación, así de sencillo. Una vez que se llena parcialmente el botijo de agua, parte de ella lo absorbe la propia arcilla y otra parte se introduce por los poros de la arcilla del recipiente por capilaridad, del mismo modo que el agua y la savia es capaz de ascender por el xilema y el floema en los árboles. Pero no todas las arcillas son válidas: sus poros deben tener el tamaño óptimo para este transporte. 
Una vez que el botijo rezuma (se humedece por la parte exterior), empieza todo un balance energético que culmina en el refrescamiento del agua.  Se da un proceso de evaporación del agua sudado por el exterior. Para ello, se necesita energía en forma de calor, al igual que necesitamos aportar energía para calentar el café. ¿De dónde la obtiene? Del agua que está en el interior, “robándole calor” y, por tanto, lo enfría.
Los físicos determinan que el calor necesario para evaporar agua es de unas 600cal/g, lo cual quiere decir que un enfriamiento de 6ºC exige la evaporación de sólo un 1%, esa cantidad es la cantidad de agua rezumada. 

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Una combinación de temperatura, humedad, viento y presión

Este proceso de evaporación depende no sólo de la temperatura. Intuitivamente se deduce que en ambientes más cálidos, la evaporación es más rápida. Y así es. Pero también depende de la humedad relativa del aire, de la velocidad del viento y de la presión atmosférica. Cuando la humedad es baja, es mucho mayor la cantidad de agua que pasa a vapor ya que la atmósfera es capaz de contener mayor contenido de humedad y al contrario en ambientes más húmedos; por eso el botijo es más efectivo en el interior peninsular (donde la humedad relativa cae por debajo del 30% con facilidad en las horas de más calor) que en áreas de costa. 


También que haya una leve corriente de aire facilita la bajada de la temperatura en el botijo ya que el aire exterior se renueva constantemente y no se satura de humedad la capa de aire adyacente con el recipiente de barro. Este es el motivo por el que los botijos se solían colocar en los pasillos y en las entradas y salidas de los edificios, donde las ligeras corrientes de aire acentúan un poco más el descenso térmico. Estos resultados lo vemos cuando tendemos la ropa de la lavadora: que se seca más rápida en ambiente seco y con algo de ventilación. 


Por último, la influye la presión atmosférica, pero de forma mucho más discreta. El agua que se evapora forma ya parte de la atmósfera y este vapor ejerce una presión “extra”. En zonas de altas presiones se dificulta más esta acción y se facilita si estamos bajo los efectos de una borrasca, pero cualitativamente no hay muy variación. 

 

Todos estos procesos han sido estudiados por un grupo de investigación de la Universidad Politécnica de Madrid. En 1995 publicaron las ecuaciones físicas que rigen el enfriamiento del agua en el botijo. Un par de igualdades matemáticas que requieren el uso de ordenadores para su acertada solución. 

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El botijo y el termómetro húmedo

Hay varios métodos para determinar la humedad relativa del aire. El más riguroso es el empleado por el psicrómetro, un conjunto de dos termómetros. Uno de ellos tiene el depósito rodeado con una muselina húmeda, por lo se le denomina “termómetro húmedo” y el otro está desprovisto de todo. La diferencia de temperatura entre los dos da una idea de la humedad ambiental: cuando mayor sea la discrepancia entre los dos, más baja es la humedad. Pues bien, la temperatura del termómetro húmedo es la temperatura teórica más baja que podrá alcanzar el botijo

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Un verano raro

El clima mediterráneo se extiende alrededor del mar al que da nombre, puntos del oeste de América y del sur de África y de Australia. Se caracteriza por tener un invierno no demasiado riguroso y un verano cálido y seco. Esto supone una anomalía. Lo habitual es que los veranos sean húmedos en la mayoría de los climas. Por tanto, en los sitios donde domina este tipo de clima, son óptimos para un buen rendimiento del botijo. 

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