11 Junio 2021, 9:00
Actualizado 11 Junio 2021, 09:00

En la finca ‘El Torviscoso’, cerca de la localidad cacereña de Peraleda de la Mata, pasta la ganadería de Peñajara. Sus toros tienen un carácter muy marcado, tanto que “te dan una oportunidad, no te dan dos”. 

Así lo asegura Francisco Quevedo, mayoral de la ganadería, que resalta las cualidades de estos astados, a los que cuida de una forma muy especial: “prácticamente como si fueran mis niños, estoy todos los días con ellos”. 

Estos toros, de casta jijona, musculados y caras agresivas, hacen honor a su fiereza. Quevedo los trata muy de cerca y los define como “nobles pero por las malas no puede actuar. Tienes que ir midiéndoles los pasos y con muy buenas formas”.  

"Son toros nobles pero por las malas no puede actuar. Tienes que ir midiéndoles los pasos y con muy buenas formas”.  

Su trabajo diario, además de vigilar que los toros estén sanos y no se peleen, implica darles de comer dos veces al día, pero siempre “hay que hacer todo despacito y halagándolo, no puedes hacer locuras, hay que tener mucha paciencia”. 

Otra de sus labores es ‘correr’ a los cuatreños y cinqueños para ejercitarlos y desfogarlos una vez o dos en semana. “Aunque no solemos hacerlo mucho porque el toro de Peñajara tiene mucho fondo, mucho carácter” 

Mayoral de Peñajara, “un sueño y una oportunidad”

Peñajara es una de las ganaderías más emblemáticas de la tauromaquia. Así lo reconoce su mayoral porque, aunque su puesto conlleva mucha responsabilidad,  “la oportunidad de mi vida, es un sueño porque me encanta este tipo de toro, estoy encantado” 

Y es que Francisco Quevedo ha vivido muy de cerca su profesión durante toda su vida. Nacido en La Carolina, un pueblo de Jaén, se crio en ganaderías de bravo. Su pasión por el toro le fue inculcada por su abuelo y su padre que también eran mayorales. “El mejor consejo que me han dado es que no pierda la ilusión, con ilusión se llega a todos lados”, indica. 

En la ganadería, realiza las tareas a caballo, “mi herramienta fundamental, el caballo es mi compañero”, ya que es jinete desde pequeño. “Respeto al que use coches y quads pero nosotros eso no lo compartimos”.  

Con su compañero, el caballo, realiza uno de los cometidos más peligrosos, evitar las peleas de los astados, que se pueden herir aún con las fundas puestas en los pitones. Estas peleas “son muy, muy duras” y hay que estar muy pendiente, “hay que coger el caballo y ver si los puedo espantar, sobre todo con la voz, que es muy importante para ellos y pueda molestarles para que no sigan peleando”. 

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