18 Febrero 2026, 14:18
Actualizado 18 Febrero 2026, 15:36

El Miércoles de Ceniza, que marca el inicio de la Cuaresma, hunde sus raíces en las prácticas penitenciales de los primeros siglos del cristianismo. Esta tradición retoma el uso simbólico de la ceniza presente ya en la cultura hebrea como signo de duelo, humildad y arrepentimiento ante Dios. Entre los siglos IV y V, quienes habían cometido pecados graves y públicos comenzaban un tiempo de penitencia antes de la Pascua marcados con ceniza, vestidos con cilicio y permaneciendo así hasta su reconciliación el Jueves Santo.

Con el tiempo, este gesto dejó de ser exclusivo de los penitentes públicos y pasó a practicarse en toda la comunidad cristiana. Así, el primer día de la Cuaresma se convirtió en una jornada compartida de conversión y preparación espiritual. Hacia finales del primer milenio, era ya costumbre en Europa occidental que todos los fieles recibieran ceniza al iniciar el ayuno cuaresmal; y en 1091, el papa Urbano II extendió oficialmente la práctica a la Iglesia de Roma, fijando litúrgicamente el Miércoles de Ceniza como puerta de entrada a este tiempo litúrgico.

Religión

La fórmula tradicional utilizada en la imposición de la ceniza, "Polvo eres y en polvo te convertirás» o «Recuerda que eres polvo y al polvo volverás", tiene un profundo anclaje bíblico. Proviene del Génesis 3,19, donde Dios recuerda a Adán su origen y destino tras el pecado original. En la liturgia, estas palabras evocan la fragilidad humana y la mortalidad, la humildad ante Dios y la llamada a la conversión que caracteriza la Cuaresma.

La ceniza, impuesta trazando una cruz en la frente, enlaza el mensaje penitencial del Antiguo Testamento con la esperanza cristiana de renovación y resurrección. Tradicionalmente, estas cenizas proceden de la quema de los ramos bendecidos el Domingo de Ramos del año anterior, lo que refuerza el vínculo entre los ciclos litúrgicos y el camino hacia la Pascua.