El pistacho se ha convertido en uno de los cultivos con mayor proyección de futuro en Extremadura, pasando en pocos años de ser una producción residual a superar ya las 3.000 hectáreas plantadas en la región. Un crecimiento sostenido que lo sitúa como una alternativa rentable frente a otros cultivos tradicionales como el olivo o el almendro, hasta el punto de ser considerado ya el “oro verde” del campo extremeño.
El pistacho se cultiva actualmente en ambas provincias, aunque se concentra de forma especial en Campiña Sur, Tierra de Barros, las Vegas del Guadiana y Campo Arañuelo, zonas que reúnen las condiciones climáticas idóneas. En total, Extremadura produce ya unos 200.000 kilos de pistacho al año, una producción que se exporta en su totalidad a distintos países europeos, principalmente Alemania, Polonia e Italia.
Desde la Cooperativa Extremeña de Pistacho, su técnico Alejandro Pereira explica que la región cuenta con alrededor de 2.500 hectáreas, de las que 1.500 se gestionan desde la cooperativa, en su mayoría ubicadas en la zona sur. “Las condiciones meteorológicas de esta zona son bastante aptas para este cultivo”, señala.
Hasta 7 años para la plena producción
Uno de los atractivos del pistacho es su baja necesidad hídrica, ya que se trata de un árbol de origen desértico. Eso sí, es una inversión a largo plazo: el pistachero necesita entre cinco y siete años para alcanzar una producción plena, lo que exige planificación y paciencia por parte del agricultor.
Así lo detalla Jaime Donoso, técnico de la cooperativa, quien explica que “los primeros años son de formación del árbol". La producción suele comenzar entre el cuarto y sexto año, dependiendo del manejo y la nutrición. En las primeras campañas, la recolección es manual, similar a la aceituna, y posteriormente pasa a ser mecánica, una vez que el árbol adquiere mayor vigor.
La campaña de recolección comienza a finales de verano, y buena parte de la producción acaba en la Cooperativa Extremeña de Pistacho, ubicada en Fuente de Cantos, que comenzó a funcionar en 2022. Su gerente, Daniel Trenado, explica que afrontan ya su cuarta campaña, inmersos en una clara etapa de crecimiento. “Empezamos con muy poquito pistacho en Extremadura y ahora estamos en pleno tramo de subida, con plantaciones entrando en producción”, señala.
La cooperativa permite mejorar el margen de beneficios a los productores
Actualmente, la cooperativa cuenta con 125 socios y concentra más de la mitad de la producción regional, pagando el kilo de pistacho en torno a 7 euros. Trenado destaca que el modelo cooperativo permite al agricultor mejorar sus márgenes, ya que antes dependía de procesadores privados. “Ahora nos encargamos nosotros de todo el proceso y el margen es bastante mayor”, asegura.
Además, la cooperativa amplía cada año sus líneas de transformación, en una apuesta estratégica de futuro en un contexto internacional cambiante. Irán, el mayor productor mundial de pistacho, ha alcanzado su techo productivo, principalmente por la falta de agua, lo que abre nuevas oportunidades para regiones como Extremadura.
“Hay capital iraní interesado en comprar tierras aquí para desplazar la producción de Irán a España”, afirma Trenado, quien subraya que el país cuenta con excelentes condiciones agronómicas para convertirse en una potencia pistachera. No en vano, Europa importa cada año unas 122.000 toneladas de pistacho de Turquía e Irán, mientras que solo en España el consumo anual ronda las 17.000 toneladas.