Extremadura es una de las regiones con mayor número de presas del país y la que tiene mayor capacidad de embalse. Algunas, incluso, están clasificadas como de riesgo potencial alto, lo que significa que una avería o rotura podría afectar gravemente a poblaciones o infraestructuras, sobre todo en situaciones críticas como ahora, donde la mayoría están muy llenos.
La Serena (en la provincia de Badajoz) es el pantano más grande del país; y la provincia de Cáceres es la segunda de España con mayor número de presas, 233. Unas infraestructuras, en total casi 2.500, indispensables y que han aguantado sin daños el tren de borrascas de principios de año y han cumplido con su función. Presas y embalses que hay que mantener para garantizar que su explotación y funcionamiento es correcto y seguro. Y es que casi la mitad de las presas españolas presentan problemas en el desagüe de fondo.
El ministerio contempla una clasificación en función del riesgo potencial que presentaría una rotura o funcionamiento incorrecto.
Son tres las categorías: A, B y C.
La primera corresponde a aquellas presas en las que un problema puede afectar gravemente a núcleos urbanos o servicios esenciales o producir daños materiales o medioambientales muy importantes;
la segunda, a las que los daños serían importantes y se afectaría a un número reducido de viviendas;
y la tercera, a las que los daños serían moderados y solo accidentalmente podrían causar pérdida de vidas humanas.
En Extremadura hay en torno a 70 de categoría A. Y la vigilancia en todas es exhaustiva.