14 Febrero 2026, 12:06
Actualizado 14 Febrero 2026, 14:24

La magistrada extremeña Ángela Murillo, primera mujer que ingresó en la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, ha fallecido este viernes a los 73 años. Con su muerte desaparece una de las figuras más influyentes de la judicatura española en las últimas décadas.

Nacida en Almendralejo, Murillo dedicó más de cuarenta años a la carrera judicial, 33 de ellos en la Audiencia Nacional, donde protagonizó algunos de los juicios más mediáticos de la historia reciente del país. En 1993 se convirtió en la primera mujer en tomar posesión en la Sala de lo Penal y también en la primera en presidir una de sus secciones, la Sección Cuarta.

Una de las primeras reacciones institucionales llegó por parte de la presidenta de la Junta de Extremadura, María Guardiola, quien destacó su trayectoria como “un ejemplo de rigor, valentía y compromiso con la Justicia”.

De sus inicios a los grandes juicios

Murillo ingresó en la carrera judicial en 1980 y tuvo su primer destino en Lora del Río (Sevilla), en una época en la que no era habitual ver a una mujer al frente de un juzgado. Posteriormente pasó por Vélez-Málaga, Onteniente y San Sebastián, hasta recalar en la Audiencia Provincial de Madrid antes de dar el salto definitivo a la Audiencia Nacional.

Recién llegada a este tribunal asumió la ponencia del conocido caso Nécora, una de las mayores operaciones contra el narcotráfico en España. También fue ponente en procedimientos como el caso EKIN, además de juicios relacionados con ETA, Al Qaeda y grandes clanes gallegos de la droga, como el de los Charlines.

Su forma de trabajar era minuciosa y artesanal: estudiaba los sumarios en papel, elaboraba esquemas propios y redactaba detallados perfiles de los acusados antes de cada vista. Quienes trabajaron con ella destacan que vivía cada juicio con absoluta dedicación, centrada exclusivamente en garantizar la solidez jurídica de sus sentencias.

El episodio Otegi y la revisión en Estrasburgo

Uno de los momentos más controvertidos de su carrera se produjo en 2010, cuando fue apartada por el Tribunal Supremo del juicio contra el dirigente abertzale Arnaldo Otegi, al apreciar una posible falta de imparcialidad tras un comentario realizado durante la vista.

Años después, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos consideró que existía un “temor legítimo” de parcialidad en el tribunal que condenó a Otegi en el conocido caso Bateragune, lo que llevó a la anulación de aquella sentencia.

Últimos años y legado

La trayectoria de Murillo reflejó también la evolución de la Audiencia Nacional: de los grandes juicios por terrorismo y narcotráfico a los procesos por corrupción y delitos económicos, como Gescartera o el caso Villarejo, algunos de ellos presididos por ella.

Declarada “absolutamente apolítica”, se definía como una jueza “de a pie”, poco dada a los actos sociales y centrada exclusivamente en su labor jurisdiccional. Colgó la toga en septiembre de 2024 al cumplir 72 años, la edad legal de jubilación para jueces y magistrados.

Con su fallecimiento, la judicatura pierde a una pionera que abrió camino a muchas mujeres en la carrera judicial y que dejó una huella profunda en la historia reciente de la justicia española.