A sus 27 años, relata cómo las apuestas online arrasaron su vida desde los 18 y cómo la terapia y su entorno le han permitido recuperar el control tras una enfermedad “silenciosa y crónica”.
La adicción al juego sigue atrapando a miles de jóvenes en Extremadura y en toda España. Una enfermedad “muy complicada de aceptar”, tal y como describe un joven de 27 años que ha decidido compartir su historia para romper el estigma y animar a otros a pedir ayuda.
“Personalmente me cuesta mucho hablar de este tema, es un tema con bastante estigma en la sociedad hoy en día”, reconoce. Con una carrera universitaria, un máster y una vida aparentemente estable, asegura que nada hacía presagiar lo que llegaría después.
“Empecé a jugar a los 18”
Su relación con el juego comenzó “de forma esporádica” en casas de apuestas online. “Me divertía, pero no era consciente de la magnitud de lo que podía llegar a ser”, explica. Lo que empezó como entretenimiento derivó en un proceso que define como “una montaña rusa”, con recaídas y períodos de pérdida de control.
El punto de inflexión llegó cuando sintió que el juego me sobrepasaba. Fue entonces cuando tomó una decisión difícil, pero crucial: contárselo a su pareja.
“O pedía ayuda o no sé qué habría pasado conmigo”, admite. A partir de ahí, comenzaron juntos a acudir semanalmente a terapia. Hoy, tras un proceso “muy duro”, lleva casi un año de abstinencia.
“Lo más difícil es admitir que tienes un problema”
El joven sostiene que reconocerlo es el reto más grande: “Para mí lo más complicado siempre ha sido contarlo, siempre ha sido admitir que tengo un problema”. Pero también tiene claro algo más: “Sin ayuda no puedes salir de esto”.
Asegura necesitar apoyo psicológico, terapéutico y emocional, recordando que la adicción “es un problema para toda la vida”. “Con tan solo ver un anuncio, incluso con un olor, se te puede venir a la cabeza el juego”, afirma.
“Esta enfermedad me pilló muy joven, pero me ha permitido ayudar a otros”
A pesar del sufrimiento vivido, destaca una parte positiva: la oportunidad de acompañar a otros que atraviesan lo mismo. En la asociación ACAJER, donde recibe apoyo, ha aprendido que todas las personas merecen ayuda y que sí es posible salir adelante.
“Podemos vivir con esta enfermedad, aunque vaya a estar con nosotros toda la vida”, concluye.
Su historia refleja la cara menos visible de una adicción creciente, silenciosa y devastadora, pero también la posibilidad de reconstruirse con apoyo, acompañamiento profesional y valentía para pedir ayuda.