Los talleres de bordados y costura están a pleno rendimiento para preparar los trajes de nazarenos y las vestimentas de los pasos de Semana Santa. Juan Bautista Gómez lleva 18 años al frente de su taller de costura y conoce bien que cada creación necesita tiempo para gestarse. “Desde que se empieza hablando con el cliente hasta que lo ponemos en máquina, realizamos el picaje y el diseño, y el trabajo queda terminado con el último fleco, pueden pasar perfectamente tres meses, cuatro meses”, afirma Juan Bautista Gómez, gerente del Grupo Bordarte.
Sara Marín describe el arranque de campaña: “En cuanto terminan las navidades ya es muchísimo estrés, es todo cuenta atrás y a correr”.
Entre los encargos más habituales se encuentran ropa para costaleros, cofradías y merchandising de hermandades, mientras que los trabajos más laboriosos y espectaculares son los estandartes, los mantos, las túnicas y las sayas destinados a las imágenes. “Lo más manual… hay gente que quiere los mantos con bordados en relieve”, explica Sara Marín. “Bordamos esas piezas aparte y luego van cosidas a mano en el propio manto”. María José Sánchez, también empleada, señala que “el bordar con el oro metalizado es un trabajo espectacular y excepcional”.
Las piezas combinan técnicas artesanales, tanto a mano como a máquina, junto a nuevas tecnologías, y materiales como flecos, terciopelo o sarga, fruto de meses de intenso trabajo, cuyos resultados acaban luciendo en las calles durante la Semana Santa. “Es una mezcla de intensidad, cansancio y mucha ilusión”, asegura Juan Bautista Gómez. “Son muchas horas, pero al final te quedas con la satisfacción del trabajo en la calle”.
Sara Marín añade: “Ves la cara de ilusión y terminas bien el día”.
Y María José Sánchez resume el espíritu del taller: “Es chulísimo, muy entretenido, cada día es diferente”.
Puntadas de ilusión, tradición y oficio para una de las épocas más emotivas del año.