La elevada carga fiscal vuelve a situarse en el centro del debate político y económico en España en un contexto marcado por el repunte de la inflación, que en el mes de marzo se ha situado en el 3,4%, su cifra más alta para este mes desde 2022. Un incremento condicionado, en buena medida, por la guerra en Oriente Próximo y que vuelve a afectar directamente al bolsillo de los ciudadanos.
La subida del Índice de Precios de Consumo (IPC) está repercutiendo en el poder adquisitivo de las familias, al encarecerse bienes y servicios básicos, así como la cesta de la compra. Según los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el repunte de la inflación en marzo se explica principalmente por el aumento del precio de los carburantes, aunque también influyen el gasto en vivienda, debido al alza de la electricidad, el gas y la cuota hipotecaria.
Pagamos más impuestos
Más allá del día a día, el aumento de la inflación tiene un impacto directo en la fiscalidad. A pesar de las rebajas y medidas fiscales aprobadas por el Gobierno, los economistas coinciden en que los ciudadanos están pagando más impuestos, especialmente en el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF).
Según datos de Hacienda, el Estado cerró 2025 con un récord de recaudación de 325.000 millones de euros, impulsado en gran medida por el IRPF, que generó más de 142.000 millones, un 10% más que el año anterior y un 60% más que hace cinco años. El incremento del número de personas trabajando explica parte de esta subida, pero, según los expertos, no oculta que la presión fiscal sobre los contribuyentes es mayor.
El economista Antonio Madera advierte de que, si se analiza el esfuerzo fiscal en función de la renta per cápita, "en España soportamos un esfuerzo fiscal mucho más alto que la media, casi un 17%".
"No se nota la subida salarial"
El Gobierno defiende que las medidas fiscales adoptadas han supuesto un ahorro de 50.000 millones de euros para la clase media en los últimos años y recuerdan que el salario medio ha subido un 20% desde 2019. Sin embargo, los economistas señalan que ese incremento no compensa el alza acumulada de la inflación, que en el mismo periodo ha alcanzado el 24%.
"Para poder cubrir esta inflación han subido los salarios, y eso ha provocado que muchos contribuyentes hayan pasado automáticamente a tramos superiores de tributación, lo que ha permitido recaudar más", explica Madera. A ello se suma que la inflación ha crecido por encima de los salarios, provocando una pérdida de poder adquisitivo.
Por este motivo, numerosos expertos reclaman la deflactación del IRPF, es decir, ajustar los tramos del impuesto a la inflación para evitar que las subidas salariales nominales se traduzcan en una mayor carga fiscal. El asesor financiero Jesús Bardají señala que esta medida permitiría que "sí notáramos la subida salarial y no la subida de la inflación, que ya estamos pagando a través de los impuestos indirectos".
Otro de los debates abiertos es si el aumento de la recaudación está repercutiendo de forma directa en una mejora de los servicios públicos. Parte de ese superávit no solo se destina a políticas públicas, sino también a cubrir el gasto de la Seguridad Social y el pago de la deuda pública, lo que mantiene viva la discusión sobre el equilibrio entre ingresos, presión fiscal y bienestar ciudadano.