Hoy se conmemoran los 500 años de la visita de Carlos V a la sierra de Montánchez. El emperador paró en la zona cuando viajaba a Sevilla para casarse con Isabel de Portugal, y en aquella estancia probó por primera vez el jamón ibérico de Montánchez, un manjar que, desde entonces, no volvió a faltar en su mesa. La localidad recuerda hoy aquella histórica visita.
Dicen que Carlos V barajó Salvatierra de Santiago como lugar para su retiro definitivo, aunque finalmente fue en el Monasterio de Yuste donde pasó sus últimos días. Pasó por estas tierras —por la que entonces se llamaba Salvatierra de Montánchez— camino de Sevilla, en 1526, tal día como hoy, para casarse con su prima Isabel de Portugal. Quedó prendado del paisaje y de las tierras de Montánchez.
Así llegó al pueblo de Salvatierra de Montánchez, como se conocía entonces, donde cenó, pernoctó y siguió al día siguiente su camino.
Es conocido el gusto del emperador por la gastronomía, y si algo se llevó grabado de estas tierras fue su reconocimiento al jamón. Su paladar recordaba la exquisitez del plato y, desde entonces, formó parte de su alimentación. Está documentado en los registros de su dieta, elaborada por los ayudantes de cámara, que el jamón de Montánchez era solicitado expresamente para su mesa.
Y así, Montánchez presume de jamón y de emperador, y de todo lo bueno que ofrecen estas tierras: su paisaje, su naturaleza, su cultura, su patrimonio y, por supuesto, su gastronomía.