El inicio de la campaña del tomate llega acompañado de un fuerte descontento entre los agricultores, que denuncian que los precios fijados por la industria, 107 euros por tonelada en el sector privado y 115 en cooperativas, son idénticos a los del año pasado y resultan completamente insuficientes para cubrir los costes de producción. Aseguran que, con estas cifras, la campaña nace marcada por las pérdidas.
Mientras las plantas germinan en bandejas y pasan más de cuarenta días en invernadero antes de llegar al campo, los precios ya están cerrados. Y eso es lo que más preocupa al sector. “La industria ha impuesto un precio superabusivo para nosotros”, lamenta el agricultor Amador Fernández, que recuerda que para mantener la rentabilidad deberían alcanzar más de 100.000 kilos por hectárea, cuando el año pasado la media rondó los 80.000.
Las organizaciones agrarias insisten en que las administraciones deberían garantizar que no se venda por debajo de costes, aunque estos varían según la explotación. Algunas los sitúan en 137 euros por tonelada, otras en 114, apenas por debajo de lo que pagan las cooperativas. “Son precios muy justitos, prácticamente imposibles para mantener los costes”, reconoce Antonio Toro, gerente de la Cooperativa San Miguel, que advierte: “Si el agricultor no tiene un beneficio, estamos abocados a desaparecer”.
Por su parte, la industria reconoce la dificultad del momento. Domingo Fernández, presidente de ACOPAEX, admite que los precios “son bajos”, pero recuerda que el mercado internacional también atraviesa un mal momento: “A nivel mundial hay stock de concentrado y esto es ley de oferta y demanda”. La viabilidad de la campaña, dice, dependerá de alcanzar las producciones altas de años anteriores: “Si salen 100.000 kilos por hectárea, se puede defender; si bajamos de 90.000, estamos rozando las pérdidas”.
A este escenario se une la presión internacional. Según la industria transformadora, la competencia de China y Estados Unidos, grandes exportadores de tomate concentrado, continúa tirando los precios a la baja y dificultando que el sector extremeño pueda negociar al alza.