15 Abril 2026, 14:43
Actualizado 15 Abril 2026, 16:58

La base aérea de Talavera la Real se ha convertido este miércoles en un laboratorio improvisado. Cable en mano y con gran destreza, unos 400 estudiantes de distintos centros educativos de Extremadura han diseñado, construido y lanzado sus propios satélites en el marco del desafío regional CanSat, una iniciativa educativa que acerca la tecnología espacial a las aulas.

No es la NASA, pero casi. Los participantes han trabajado durante meses en el desarrollo de estos minisatélites, que tienen el tamaño de una lata de refresco y están equipados con sensores, batería y sistemas de comunicación. Tras el lanzamiento, los dispositivos recogen datos en pleno vuelo, que posteriormente deberán ser analizados y defendidos ante un jurado.

El gerente de Producciones Científicas y Técnicas, Miguel Ángel Cabrerizo, ha explicado las características del lanzamiento: "Saldrá de la rampa aproximadamente a unos 100 kilómetros hora hasta alcanzar una máxima de unos 360. Llegaremos a unos 600 metros, a los 600 metros".

Extremadura se convierte así, por un día, en base espacial, con un reto en el que el alumnado aplica conocimientos de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas de forma práctica. Los equipos participantes proceden de centros de Educación Primaria y Secundaria, y cada grupo desarrolla una misión propia.

Desde el IES Bembézar de Azuaga, uno de los estudiantes ha detallado su papel dentro del proyecto. Francisco Javier, alumno del centro, ha señalado: "Mi trabajo ha consistido en configurar todos los sensores para llevar el proyecto acabo".

Lejos de la ciencia ficción, el reto CanSat se basa en ensayo y error, resolución de problemas y trabajo en equipo. Oliver Triviño Gómez, alumno del IES María Josefa Baraínca de Valdelacalzada, ha reconocido las dificultades del proceso: "Ha sido un proceso largo, porque hemos tenido varios problemas en desarrollo, pero aquí estamos con mucha ilusión".

Desde el ámbito docente, se destaca el valor educativo de la experiencia. Antonio Gómez, profesor del mismo instituto, ha subrayado que "Es parte de su aprendizaje. Los fallos son parte del futuro éxito".

La participación comienza desde edades tempranas. En el CEIP Torre Águila de Barbaño, el alumnado también se ha sumado al reto. Consuelo Domínguez, profesora del centro, ha explicado el proceso de trabajo: "Hemos estado haciendo pruebas en el colegio con churros de piscina y bolsas de plástico y luego ya hemos diseñado el Cansat con impresoras 3D".

Entre los más pequeños, la experiencia ha permitido un primer contacto con la interpretación de datos. Darío, alumno del centro, ha señalado: "Y yo veía la gráfica, la altura de cómo caía con qué fuerza".

Cada proyecto incorpora, además de una misión principal, un objetivo científico propio. Desde el IES Bembézar de Azuaga, Carlota Sánchez ha explicado que su equipo ha centrado su trabajo en un problema medioambiental: "Nos hemos centrado en la SECA, que es el síndrome de decaimiento de la dehesa, porque es un tema que afecta a las encinas y alcornoques".

El proyecto CanSat también implica buscar financiación y dar visibilidad al trabajo realizado. Andrea Merino, alumna del mismo centro, ha señalado la importancia de la difusión: "Y luego también pues la difusión. Tenemos una cuenta de instagram, que es donde subimos cada avance de este proyecto".

Tras los lanzamientos, los equipos deben analizar los datos obtenidos y preparar una exposición oral. Antonia Izquierdo, profesora del IES Bembézar de Azuaga, ha explicado el objetivo de esta fase: "En esa exposición lo que vamos a demostrar es que el proyecto que nosotros hemos diseñado con todos estos sensores funcionan".

El equipo ganador se dará a conocer esta tarde y representará a Extremadura en la final nacional del desafío CanSat, que se celebrará los días 12 y 13 de mayo, también en la región.

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