En Extremadura, el sueño de tener una vivienda propia se ha convertido, más que nunca, en una cuestión de pareja. El esfuerzo financiero necesario para quienes deciden emprender la compra sin acompañamiento se ha disparado, hasta el punto de que un soltero medio necesitaría destinar más de diez años de su sueldo íntegro para costear un inmueble de tipo medio.
Esta realidad está transformando el mercado inmobiliario regional, donde apenas dos de cada diez operaciones de compraventa son firmadas por una sola persona. El resto del mercado queda prácticamente reservado para unidades familiares o parejas que pueden sumar fuerzas económicas.
La brecha del esfuerzo: solteros frente a parejas
La diferencia en el acceso a la propiedad es abrumadora. Mientras que una pareja en España debe invertir poco más de cuatro años de sus salarios conjuntos, el esfuerzo para un soltero se duplica hasta los ocho años. La situación se agrava en el caso de las mujeres, cuya brecha salarial eleva el esfuerzo necesario hasta los nueve años y medio de sueldo.
Manuel Cabrera, gerente de Viprés Extremadura, advierte que el perfil del comprador individual es cada vez más escaso: "el target del comprador soltero es cada vez más residual por el esfuerzo que hay que hacer. Cuando viene una persona soltera es porque tiene muy buena capacidad económica o porque tiene ahorros procedentes de una herencia".
¿Qué busca el comprador soltero?
Aquellos pocos que logran acceder al mercado de forma independiente tienen un perfil muy definido. No buscan grandes caserones, sino viviendas pequeñas pero estratégicas. Según los expertos del sector, las prioridades son pisos bien ubicados en en centros urbanos y con servicios como piscina, garaje y trastero.
Resignación en la calle
A pie de calle, el sentimiento predominante entre los extremeños es la resignación. "Es imposible, con los sueldos que hay y los precios actuales es inviable que los jóvenes se independicen", comentan los ciudadanos. Para muchos, el alquiler sigue siendo la única alternativa viable, aunque esto suponga una barrera para la acumulación de patrimonio a largo plazo.
En definitiva, Extremadura se enfrenta a un escenario donde la propiedad privada está dejando de ser un derecho accesible para convertirse en un privilegio compartido, dejando fuera de juego a quienes intentan construir un hogar de forma independiente.