4 Julio 2021, 7:00
Actualizado 5 Julio 2021, 07:32

En 1931, John Gielgud interpretó a Antony, el del Antony and Cleopatra de William Shakespeare. Como Antonio, Gielgud también formaba parte de un triunvirato, que permanece invicto: sus compañeros son Ralph Richardson y Laurence Olivier y no ha habido nadie como ellos, con permiso de todos los demás, desde Kenneth Brannagh a Paapa Essiedu o Ian Holm.

Eso sí: Cleopatra tiene, para todo el orbe, los ojos violeta de Elizabeth Taylor. 

Liz Taylor como Cleopatra
Liz Taylor como Cleopatra

"The Tragedie of Antony, and Cleopatra" se titula en el First Folio. Y allí veremos al tercer pilar del mundo transformado en juguete de una golfa. Ya dijo Enobarbo que Cleopatra era de variedad infinita. "Y ha hecho toda su vida lo que le ha dado la gana", explica Ana Belén, que la interpreta ahora: su Marco Antonio, ese tercer pilar del mundo, es Lluís Homar, director de la Compañía Nacional de Teatro Clásico: asumió el cargo en septiembre de 2019 y luego nos vino encima una pandemia. 

Montar un Shakespeare siempre es resucitar. Hay una tradición de peso ahí desde que The King's Men interpretó Antonio y Cleopatra por vez primera. The King's Men era la compañía en la que actuaba el bardo inglés junto a Richard Burbage, Lawrence Fletcher o John Heminges y Henry Condell (a quienes tanto les debemos: ellos dos fueron los compiladores del First Folio, la reunión canónica de las obras de Shakespeare que apareció en 1623). Los han interpretado Katharine Cornell, Laurence Olivier y Vivien Leigh (en la misma producción), Michael Redgrave y Peggy Ashcroft, Vanessa Redgrave con Timothy Dalton; Anthony Hopkins con Judi Dench

No era guapa, decía Plutarco. No era dueña de una belleza tal "que asombrara a cuantos la veían; pero la interacción con ella era arrobadora y su apariencia, junto con su habilidad para persuadir en un coloquio y el temperamento con que acompañaba cada intercambio, resultaba muy estimulante. También daba placer con el tono de su voz, pues su lengua era como un instrumento de varias cuerdas”.

El amor de Cleopatra, sigue contando Plutarco, inflamó en él muchos afectos hasta entonces ocultos e inactivos. Es famosa su imagen en la barcaza por el río Cidno, en galera con popa de oro y velas de púrpura tendidas al viento y remos de plata movidos al compás de las flautas, los oboes y las cítaras, sentada bajo un dosel de oro. 

Con estos mimbres, Shakespeare compuso el personaje femenino más complejo de todos cuantos escribió.

Qué señora.

Reparto de Antonio y Cleopatra
Reparto de Antonio y Cleopatra. Foto: Sergio Parra para la CNTC

Realmente, como ha dicho la profesora María de la Luz García Fleitas, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, "Cleopatra VII constituye un personaje histórico altamente atractivo. Y aunque la egiptología ha intentado reconstruir su verdadera historia, cierto es que en la actualidad sigue perviviendo una imagen estereotipada que se explica mayormente desde el ámbito egiptomaníaco: una femme fatale, una mujer astuta, manipuladora y devoradora de hombres. Un retrato que no es en absoluto moderno, sino que proviene de la Roma del s. I a.C., cuando Octavio necesitaba legitimar su poder unipersonal en la que todavía era República romana y, apoyado en poetas e historiadores como Dión Casio, Virgilio u Horacio, inicia una campaña de desprestigio hacia su rival y colega de triunvirato Marco Antonio, en esos momentos vinculado –como todos sabemos– a la reina egipcia. Así se inicia la más dura vituperatio hacia Cleopatra, pues se le acusaba de querer gobernar Roma como mujer y extranjera, de haber provocado una pasión irresistible en César y Antonio y de ocasionar grandes desgracias, como la última guerra civil de la República".

Vaya por Dios: no había otra más cerca.

La historia shakespeariana comienza con Marco Antonio descuidando sus deberes militares porque la reina de Egipto le ha seducido y él se ha dejado seducir, como un Jeremías cualquiera. Octavio le llama a filas para que le ayude a luchar contra piratas, Cleopatra le ruega que no se vaya, él le dice que la quiere pero se va igual, el general de Octavio (Agripa) sugiere que Antonio se case con Octavia (la hermana de Octavio: los padres no se rompieron la cabeza), Cleopatra monta en cólera, hay alguna borrachera (estamos hablando de romanos), Marco Antonio quiere luchar contra Octavio después de una serie de vicisitudes y hay presagios, adivinos, tropas desertando, muertes de hombres leales y besos que lo compensan todo. 

Y mucho humor. Es una obra extremadamente divertida.

Cartel de la obra
Cartel de la obra

La historia acaba con un áspid y una mordedura.

Y casando a Cleopatra VIII, la hija de ambos, con Juba, "el más culto de todos los reyes".

Y con la llegada de Nerón.

Ya sabemos que los reinos son arcilla.

Hay mucha política aquí: no es solo una historia de amor entre dos seres poderosos, con todos los recovecos y los lugares luminosos y oscuros del amor: hay lugares reales (Roma, Egipto) y lugares recreados, dos culturas que se encuentran quizá por vez primera en la literatura, una mujer y un hombre y espejos y oposiciones y el buen y el mal gobierno y la lealtad de los amigos y el acabar la vida y el dolor y las traiciones.

Y un deseo: "Que no corra un minuto más de vida sin algún placer".

Sea.

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