27 Abril 2021, 17:15
Actualizado 27 Abril 2021, 17:15

Los Polos terrestres (ese punto imaginario donde el eje de rotación se cruza con la superficie) nunca han estado fijos, sino que han ido variando a lo largo de los milenios. Se trata de un movimiento natural, denominado deriva polar,  ocasionado por la distribución de los océanos y de los continentes, principalmente, aunque también la atmósfera y la forma de nuestro planeta tienen su papel. 

Se ha observado que desde 1980 los Polos se han desplazado unos 4 metros, según un estudio de la AGU, la Unión Americana de Geofísica. Además, en este último año se ha notado que esta deriva ha experimentado un aumento, unas 17 veces más rápido a lo que ocurrió entre 1981 y 1995. Un reciente estudio determina que la causa es doble: por un lado, la fusión del hierro del núcleo externo de la Tierra; y por otra, la pérdida de masa de hielo en la superficie terrestre, además de la extracción excesiva del agua subterránea. Es, por tanto, la primera investigación que demuestra el impacto del cambio climático sobre el eje de rotación de la Tierra.

Estos movimientos se han podido determinar gracias a las observaciones del Experimento Climático y de Recuperación de Gravedad (GRACE), un trabajo conjunto de la NASA y del Centro Aeroespacial Alemán. El objetivo es la recopilación de información sobre cómo se distribuyen las masas de agua y de hielo en nuestro planeta en función de las variaciones de la gravedad terrestre en distintos puntos. Se lanzó en 2002 y realizó observaciones entre 2005 y 2012. Estos cambios parecen que están influenciados por las alteraciones de las masas de agua (en especial las subterráneas y las polares) y de hielo.

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Mapa muestra dónde los cambios en el agua almacenada en la tierra (principalmente en forma de hielo) Fuente: Deng et al (2021) / AGU

Además, este equipo de científicos ha sido capaz de simular mediante modelos la ubicación de los polos en el pasado. En esta dirección Suxia Liu, hidróloga de la Academia de Ciencias de China y autora principal del estudio dijo en un comunicado: “los hallazgos ofrecen una pista para estudiar el movimiento polar ocasionado por el clima en el pasado".

Liu y su equipo calcularon cómo ha cambiado el agua almacenada en la tierra. Descubrieron que esta deriva polar está marcada por la pérdida de agua de las regiones polares (principales impulsoras de la deriva polar), junto con las contribuciones en las regiones no polares. Así, el derretimiento de los glaciares en Alaska, Groenlandia, los Andes del Sur, la Antártida, el Cáucaso y el Medio Oriente se aceleró a mediados de los años 90, convirtiéndose en la principal causa de la migración repentina de los polos de la Tierra hacia el este a una velocidad de 3,28 milímetros al año

Una de las sorpresas de la publicación han sido las conclusiones sobre la influencia de la explotación de agua subterránea en los cambios del eje de rotación. Una vez extraída, gran parte de ella fluye hacia el mar, redistribuyendo el peso por todo el planeta. Se cree que la Humanidad ha extraído hasta 18 billones de toneladas de agua de los acuíferos subterráneos profundos y que no han sido reemplazadas. 

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Vincent Humphrey, científico de la Universidad de Zúrich (Suiza), analizó los grandes cambios en la masa de agua subterránea en áreas como California, el norte de Texas, la región alrededor de Pekín y el norte de la India. En todas ellas se ha estado bombeando grandes cantidades de agua subterránea para uso agrícola. Y este déficit de masa subterránea ha jugado su papel en estos cambios del eje de rotación. Afortunadamente, estas variaciones no tienen consecuencia en la vida diaria, pues son muy bajas, de apenas en unos milisegundos, pero podría ocasionar algún problema a la hora de realizar experimentos de alta precisión. 

Los investigadores cuentan ya con 176 años de datos sobre la deriva polar. Al utilizar estos métodos puede ser posible utilizarlos para predecir cambios en la dirección y en la velocidad para estimar cuánta agua terrestre se perdió en los últimos años.

Más info:

Polar Drift in the 1990s Explained by Terrestrial Water Storage Changes. S. Deng, S. Liu, X. Mo, L. Jiang, and P. Bauer-Gottwein. Geophysical Research Letters/AGU.16 MAR 2021.DOI:10.1029/2020GL092114

 

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